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El sonido de las calles

19 Febrero, 2017
El sonido de las calles

Dicen que la vida vista desde otros ojos no es lo mismo, y en este caso la vida escuchada desde otros oídos es diferente en todos los sentidos. No es lo mismo trabajar en el Centro de la ciudad vendiendo zapatos, a trabajar en un almacén de cadena, en una oficina o en una biblioteca.

La vida en cada caso particular es una novela diferente…

Los sonidos particulares que se escuchan en el Centro son únicos: “A la orden, ¿qué buscaba?”, “¿Buscaba jean de marca?”, “¡Lleve, lleve el aguacate! ¡Dos por mil!”, “Piña oro miel a 2000”, sumado a los pitos de los miles de carros que por allí transitan, la música de cada almacén, las voces provenientes de los bafles de los vendedores que creen ser locutores y las voces de los miles de visitantes diarios del lugar.

Un recorrido por sus calles es fascinante, claro está, si les gusta caminar, los tumultos y escuchar sonidos de toda clase a todo volumen; pareciera que se multiplicaran con cada paso que se da.

Viajar en un bus que atraviesa la ciudad es una aventura que definitivamente hay que vivir. La música carrilera, los vallenatos y el reggaetón son, por lo general, los encargados de amenizar el ambiente, pues los pasajeros suelen ser tranquilos, cada uno en su cuento… Ahhh, pero si no se trata de las horas pico…

Muchas veces esta melodía cambia por notas más movidas, más urbanas o simplemente con sonido en vivo. Jóvenes y adultos de todas las edades salen diariamente a compartir su talento por alguna remuneración. Los más jóvenes, por ejemplo, por medio de versos expresan su vida, pensamientos y problemas de comunidad al ritmo del rap.

El sonido de las calles

Viajar en vehículo particular es otro cuento… Los pitos de las personas que creen que con pitar le saldrán alas a su carro y volarán para llegar, las motos que creen ser hormigas que caben por cualquier espacio, los motores de esos inmensos y expresivos camiones adornan el paisaje auditivo de la ciudad. Y no falta la sirena de la ambulancia que nadie sabe dónde va, pero que, con seguridad, todos buscamos para abrirle paso.